CAFE DE LOS INMORTALES

 

Fue refugio de aprendices de poetas, bohemios sin un peso y anarquistas que soñaban cambiar al mando con la fuerza de un detonante.

En sus principios se llamó Café Brasil, en homenaje a Santos Dumon, pionero de la aviación y de nacionalidad Brasilera.

Entró en la leyenda en los primeros años del siglo XX, citando estuvo dirigido por el francés León Desbernats. Este se encariño con sus parroquianos de cortos recursos y largas charlas, dejándolos eternizarse en las mesas daba a la gran vidriera que permitía contemplar la Corrientes angosta de entonces. Tenían ante sí un muy bien servido café, con leche, acompañado de pan, dulces manteca en abundancia, que para muchos de sus concurrentes era la primera y última comida del día.

Entre los escritores en cierne, periodistas y revolucionarios reales o de café, el local fue visitado por celebridades, como Florencio Sánchez, Horacio Quiroga, Alfredo L. Palacios, José Ingenieros, Ricardo Rojas, Evaristo Carriego, además de ilustres viajeros, Ramón del Valle Inclán, Jean Jaures o Ruben Darío, al que algunos le atribuyen ser el mentor de la posterior designación como Café de los Inmortales.

Según otra versión, fue Florencio Sánchez el que lo bautizó así, en recuerdo de sus asistentes que podían permanecer eternamente sin comer. Sea como fuere, monsieur León aceptó la sugerencia y el local paso a llamarse Café de los Inmortales, nombre que se oficializo al trasladarse a su posterior ubicación en Corrientes y Paraná, donde luego estaría el teatro Politeama.

De todas formas, en 1914 el francés Desbernats, de corazón tan heroico como noble, partió de regreso a su país para pelear en la Primera Guerra Mundial. Sin su bondadoso patronazgo, el lugar ya no sería el mismo.

En 1915 se colocó en el lugar donde estaba una placa como homenaje del club Amigos del Teatro. Cerró sus puertas en 1916.

 

 

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