EL TORTONI

 

 

En 1858 inició su historia el Café Tortoni, uno de los más prestigiosos sobrevivientes de la geografía porteña. En un principio estuvo en Esmeralda y Rivadavia, y posteriormente en Rivadavia 826. Fue su propietario un francés de apellido Touan.


El nombre proviene de un negocio similar de París.


El café, que había sido muy concurrido desde sus primeros tiempos, tenía los treinta años cuando debió desplazarse, por los avances de la construcción de la Avenida de Mayo. Así, los fondos del Tortoni quedaron cortados por las obras, aunque luego ganó una entrada por la flamante avenida, lo que aprovecharía para instalar las mesas en la calle, a las usanzas parisiense y madrileña

 

 

Su momento de mayor esplendor sería durante la dirección del francés Celestino Curutehet, que fue su propietario hasta 1927. El se encargaría de atraer y alentar una clientela de intelectuales y poetas, de figuras de las artes y la política, que le darían brillo por décadas, y que lo mantendrían con vida hasta el día de hoy.

Así, el Café Tortoni quedó constituido por dos partes bien diferenciadas. Una, el sector que tiene su entrada por Rivadavia, el original, es más reducido, más íntimo, actual refugio para encuentros de recitadores de poemas. La otra, la entrada por Avenida de Mayo 826, resulta más amplia y suntuosa, con sus mármoles y bronces, mientras que sobre el mostrador aun permanece el antiguo palco para las orquestas que tocaban en vivo y para el trabajo de las legendarias vitroleras.

El Tortoni fue visitado por personalidades del quehacer del país, desde presidentes, como Mitre y Alvear, hasta caracteres tan disímiles, como Jorge Luis Borges y Julián Centeya, Blackie o Arturo Jauretche.

El francés Curutehet, con una mezcla de intuición y bohemia, no desalentó la llegada de artistas y bohemíos, no son los mejores consumidores.

 



Allí concurrió un grupo conducido por el pintor Benito Quinquela Martín, que había sido corrido de La Cosechera, en Avenida de Mayo y Perú. Así surgió, en 1926, la Asociación de Gente de Artes y Letras La Peña. Posteriormente, Quinquela Martín hizo en el Tortoni su primera exposición.

El sótano de este café sirvió de refugio, por muchos años, a todo tipo de actividades culturales, hasta octubre de 1943, cuando fue cerrado por unos meses. Se reabrió para cobijar a la Asociación Tradicionalista Argentina El Lazo, que estuvo allí hasta 1977. En la actualidad se hacen recitales de la Fénix y la Creolle Jazz Band y de la Porteña Jazz Band. Además, allí se graba a la medianoche el programa radiofónico de Alejandro Dolina.

Con el paso del tiempo, no todo permaneció igual en el Tortoni, así las arañas se cambiaron por tubos fluorescentes, mientras que en 1930 se compraron sus tradicionales sillas a 25 pesos cada una. Contó, además, con salón familiar, y una peluquería y barbería en el fondo del local.

En su bodega, antiquísima pero remodelada, desde hace años tienen lugar sus conciertos de jazz de trasnoche y sus espectáculos de tango. Las actividades culturales y artísticas del Tortoni, hasta el día de hoy, resultan innumerables, convirtiéndose en una costumbre presentar libros o realizar exposiciones pictóricas en sus salones.

En mayo de 1986 se restituyó al local una marquesina idéntica a la original, obra del matrimonio de arquitectos de Andrea y Luis Mango. Así, remozado y vital, se acerca a fines del siglo uno de los sobrevivientes de la piqueta en Buenos Aires.

 

 

retour