ANIBAL CARMELO TROILO

(PICHUCO)

 

11 de julio de 1914 - 18 de mayo de 1975

 

 

 

 

Aníbal "Gordo" Troilo

Junto a Edmundo Rivero, fueron, por razones de trabajo, la gente del tango que mas conocí. Troilo...!! tu bandoneón ilumino el tango de las noches de Buenos Aires,

Fuiste un genio “Gordo”, el día de tu entierro, te estuve llorando en la Chacarita por que eras un buen tipo, yo no era tu amigo, solo un conocido, que junto con el Alemán, sacábamos fotos en el viejo Almacén, ahí fue donde te conocí, y también fue suficiente para sentir tu muerte profundamente
. Vos todas las noches llenabas mis oidos y mi alma de tango y yo no lo sabía, por que todavía no amaba el tango.

Miguel Angel Diel

 

PARA LA "LEONA"...!! PICHUCO

 

 

Homenaje a Troilo:



DOGOR

Diez laminas de Hermenegildo Sábat

con textos de Roy Bartholomew


Notas sobre la mitología de Buenos Aires

Una felicidad, una lenta y notoria felicidad trabaja la noche de Buenos Aires. Hay el vals vienés, pero también el alemán y el francés, los nobles y los sentimentales, el de Juventino Rosas y el peruano, de gracia admirable. Podemos tener nuestras preferencias, podemos gozar de todos por modo parejo, de ninguna manera podemos dejar de reconocer la "personalidad" de cada uno. En el jazz, fenómeno esencial en la música del siglo, hay el de Nueva Orleans, pero también el de Nueva York y el de Chicago.  No podemos hablar, en cambio, del "tango de Montevideo" o del "tango de Rosario".

 

 

 

En el hemisferio norte como en el sur, bajo el cielo que perfuman los cerezos en flor o en Ciudad del Cabo, a orillas del Sena o en las pobladas alturas cordilleranas de Santiago de Chile, el tango es Buenos Aires, dice Buenos Aires, suena Buenos Aires, sin que importen la nacionalidad del que lo componga, interprete, escuche o silbe, ni el tema de su letra, si es que la tiene. No hay ciudad en el mundo que goce de privilegio igual ni exclusividad tan absorbente. Un fenómeno cultural de singulares características: personas tengo conocidas un español de México, un libanés de Arequipa, un armenio de Teherán, un africano de Madrid, que, a través del tango, "saben" su Buenos Aires, y no lo saben mal, porque algo del espíritu de la ciudad han atrapado.

 

 


En cambio, la rica música brasileña que todos reconocen y a todos seduce, no logra esa identificación ciudadana, sino la nacional: el samba es música del Brasil, se afirma, confundiendo una delgada zona costera con un país inabarcable. Nadie dice "el tango de la Argentina", todos dicen "el tango de Buenos Aires", canción de Buenos Aires. Aparte de los innumerables autores de tango que provienen del interior del país -Entre Ríos podría reclamar procerato-, el aporte montevideano, como en tantos otros aspectos de la vida espiritual Argentina, es generoso. No se requiere el tutelaje de don Marcelino para insistir en la unidad rioplatense, y siempre me han parecido nimias las supuestas o reales diferencias de matiz, entre ellas la nada significativa del tuteo y el voseo, orillas de un mismo río divergentes sólo en el mapa. ¿De qué lado quedan ciertos cuadros de Figari, tales cuentos de Borges, determinados sonetos de Lugones o de Herrera y Reissig, la inteligencia de Pettoruti, la de Torres García. Por lo demás, nadie ignora que personas de la noche porteña llegaron de Brasil, de Francia, de Nápoles, de Sicilia, para enriquecerla o glosarla, adhiriendo a su sustantividad.

 

 

La explicación no está en la pródiga corriente inmigratorio de hace más de medio siglo sino en la intimidad aglutinante de una ciudad de vida múltiple, cuyo crecimiento es de dentro hacia fuera, no por acumulación receptiva; a la manera del árbol que recibe gozoso la lluvia porque sabe que el beneficio le subirá desde las raíces. Buenos Aires: dos palabras que son una; para muchos, esa palabra es "tango". Dejémoslo así. (Nada digo del negro spiritual. Digno del rostro de Dios, vasto como la potencia de la fe, también alude a una región más que a una ciudad; o, si se quiere -uso el término con desagrado, porque nada explica y mucho confunde, a una raza.) Oculto el tinglado, bajas las luces, lejana la mirada, impostado el aire, demos paso a la tristeza de calle Corrientes, encendamos un hilo de gas en cualquier farol de un arrabal refutable; o, inversamente, libres de nostalgias superfluas, aceptemos los días que corren, de computadoras y estabilizadores. Como sea: Aníbal Troilo, angelote mayor de la mitología porteña, gordo piramidal de la noche "bajo la Cruz del Sur".



Arte de adivinación creadora, pulso que se afirmó y afinó hasta dar la impresión de lo inmodificable aunque sucesivo de sí y en sí, un fuelle comprado por pocos pesos se transformó, de rezongo en rezongo, en objeto legendario. Los ritos tienen sus leyes y no es la menos alarmante la que pretende imponernos veneraciones pueriles. ¿No se detiene el viajero ante la ballesta de Carlos V que se exhibe en el alcázar de Segovia? Así, el bandoneón de Troilo, ahora en manos colegas, posiblemente termine, para pasmo de las generaciones, en el Museo de la Ciudad. El registro magnetofónico asegurará una consideración justa. Para carta de ciudadanía tanguera, de creador de tangos, vivir, haber vivido en Buenos Aires.

 

 

Cualquiera sea nuestra estima del tango, fuerza es reconocer la coherencia de su mundo así como su exigencia "iniciática". Cuando Igor Stravinsky, año de 1917, junto al lago de Lausana, convino con su amigo Ernest Ansermet en la oportunidad de incluir Tango en Historia del soldado (la primera obra donde queda enterrado todo vestigio wagneriano, al decir de Juan Carlos Paz), posiblemente tenía una imagen parisina del tango, pero lo que escribió entronca en Albéniz. Durante su última visita a Buenos Aires, en 1960, atento al compás de dos por cuatro, sentenció: no hay salida.  Ocho años antes, también en Buenos Aires y por las mismas razones, otro Igor, el gran director Markievich, llegó a idéntica conclusión. Entre nosotros, la oposición es enconada: el tango no debe salir de lo suyo, el tango puede y debe acceder a tratamiento culto, de conjunto de cámara o de orquesta sinfónica. La verdad, experiencias cumplidas permiten enrolarse en uno y otro bando. Troilo no desdeñó cierta ambición en el tratamiento orquestas, pero atinó a quedarse en Troilo. No se limitó en añoranzas ni pretendió futuros: vivió el paso de sus días y sus noches, seguro de sí. Formó distintos conjuntos orquestales, tuvo colaboradores de muy distinta pluma, fue siempre Troilo, decantándose. Un gran músico de la música porteña. Sur, nacido de la letra de Homero Manzi, es tango que enriqueció a la ciudad.

El lápiz cotidiano e incisivo de Hermenegildo Sábat cala en el revés de la trama, trae a superficie versiones ocultas del rostro interior, sabe ver lo que otros no ven. Permítaseme una referencia personal: hace algunos años llevé un cuento a Clarin y el director del suplemento cultural, Albino Gómez, me pidió una fotografía. Semanas después, un jueves entre los jueves, me encontré con el cuento y una caricatura, quiero decir, con una radiografía de Sábat, poco menos que a toda página. Quedé desconcertado: ese dibujo miraba el mundo como yo miraba entonces el mundo, tras una experiencia con la adversidad y la muerte. La fotografía (una simple -foto de carnet, tomada ese mismo año) no reflejaba, no obstante el colodión, tanta veracidad interior como supo hacerlo el lápiz del agudo uruguayo. Nos conocimos muchos meses después.

 

 

Uno tras otro pasan a su grafito personas y personajes. Cientos, miles. A quienes les reconoce talento, o algo más (digamos, genio), les pone alas. Si no me equivoco, Troilo las calzó siempre en Sábat. Los enfoques van desde lo despiadado hasta la ternura, reflejan las simpatías y diferencias, dan idea de diversas categorías de desván.  Las diez láminas que se reúnen en este álbum son "Troilo diez veces Troilo" por "Sábat diez veces Sábat"  Manchas a tinta con líneas y esfumaturas, resumen un homenaje que Hermenegildo viene realizando desde largo tiempo y que está disperso aquí y allá, en blanco y negro y a color.  Troilo con Gardel, Troilo desgranando su tango en pájaros, alas y hojas, Troilo con Manzi y Discépolo, Troilo abrazando a. - Troilo con Troilo (tema de "el otro" en el tiempo), Troilo con la fama o la noche en forma de mujer desnuda, sentada a sus rodillas, Troilo con otra forma, mitad angélica, mitad mujer, mitad pájaro o ilusión, apretando los dientes en una sonrisa no precisamente angélica, Troilo fatigado, estragado por excesos, los ojos con resaca y el cuerpo en abandono, Troilo monumento nacional, tal vez en Palermo, buda distante e inmóvil, Troilo ya sin alas pe -o en el cielo, con aureola en el celeste de la eternidad, que sus amigos, seguro, no han de escatimarle. Así este álbum se agrega a esa lenta y notoria felicidad que trabaja la noche de Buenos Aires.

Roy Bartholomew

 

 

Este álbum, Dogor, diez dibujos de Hermenegildo Sábat, con un texto de Roy Bartholomew y una justificación de Roberto Alifano, fue editada por la SDDRA. ( Sindicato de Distribuidores de Diarios, Revistas y Afines) se termino de imprimir el 10 de diciembre de 1978, en los Talleres Gráficos Publigraf, Matorras 353, Buenos Aires, Se editaron quinientos ejemplares. El ejemplar aquí mostrado fue firmado y regalado por Hermenegildo Sabat y Raoy Bartholomew a Eduardo Marino, (desaparecido por la dictadura militar argentina en el año 1977). Con Roberto Alifano compartí la administración artística de la Galería de Arte Aleph en el Barrio de Belgrano, en los años 1976 y 1977.

Miguel Angel Diel

 

 

En el año 1970 Joan Manuel Serrat se encontraba disfrutando de la noche tanguera en el mítico “Caño 14”, cuando Aníbal Troilo lo invitó al escenario para que juntos interpretar el tango “Sur

 

 

TROILO, HEDMUNDO RIVERO Y JUAN D'ARIENZO

 

TROILO Y GOYENECHE

 

TROILO, SABATO Y BEN MOLAR

 

 

 

PICHUCO Y  ATAHUALPA YUPANQUI

 

 

EL POLACO GOYENECHE, ELVA BERON Y ANIBAL TROILO

 

 

TROILO DIRIGIENDO SU ORQUESTA EN SAN PABLO, BRASIL

 

 

Marabú

 

 Por Rodolfo Parbst

 En un edificio de la calle Maipú número 359 en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, existe una placa en la que se lee: " Aquí funcionó desde fines de la década del '30 hasta fines de la década del '80, el famoso local de baile y canto del tango MARABU ". Fué fundado a iniciativa de Jorge Sales, inmigrante español, en 1935 para convertirse en un tradicional Cabaret de la noche porteña, y allí actuaron los grandes del tango: Anibal Troilo "Pichuco", Carlos Di Sarli y su Orquesta, Angel Vargas, Angel D'Agostino, y muchos más. Aníbal Troilo debutó con su Orquesta Típica el 1° de Julio de 1937 siendo su cantante Francisco Florentino, que también se hizo cargo del vestuario del conjunto dada su experiencia previa en el oficio de sastre. En la entrada del Cabaret había un cartel que decía: " Todo el mundo al Marabú/la boîte de más alto rango/donde Pichuco y su orquesta/hará bailar buenos tangos ".

 El Marabú fué, a la vez, el escenario elegido por Pichuco cuando en el año de 1940 se presenta con Astor Piazzolla. La placa que se muestra arriba fue otorgada el día 1° de Julio de 1997 por la Asociación Gardeliana Argentina, para conmemorar los 60 años de haber debutado Aníbal Troilo "Pichuco" con su Orquesta Típica en el escenario del Cabaret Marabú, Cerró sus puertas en 1965 y volvió a abrirlas en el mes de Mayo de 1984, esta vez por un corto tiempo y en esta reinauguración se presentó en escena otro de los grandes del tango: Osvaldo Pugliese.

 

 

 

 

 

 

TROILO DE NIÑO

 

 

TROILO JUNTO A JUAN MANUEL FANGIO FESTEJANDO EL CUMPLEAÑOS DE ESTE ULTIMO

 

La otra pasión de Troilo, el futbol...!! Aquí con una nena en brazos..! junto a algunos integrantes de su orquesta, en la bombonera..!!

 

Aníbal Troilo, el gran bandoneón del tango  y Cátulo Castillo el gran poeta del tango. Fotografía póstuma aparecida en la revista Gente de octubre de 1975. Troilo muere el 18 de mayo del 75 y Catulo muere el 19 de octubre del 75.

 

MIGUEL ANGEL DIEL EN LA TUMBA DE TROILO EN EL CEMENTERIO DE LA CHACARITA

 

 

HOME